30 julio, 2025
Agus Rubio

Más allá de lo informal: una industria textil con potencial global

Cuando hablamos de la industria textil argentina, a menudo aparecen dos verdades que parecen contradecirse: por un lado, la informalidad sigue siendo dominante; por otro, se insiste en que Argentina tiene un gran potencial exportador. Lejos de ser excluyentes, estas dos realidades pueden, y deben, integrarse como parte de una transformación más profunda.

La informalidad no es una falla individual, sino un síntoma de un sistema que expulsa más de lo que integra. Más del 70% del empleo en la confección es informal, no porque quienes lo ejercen lo elijan libremente, sino porque el sistema les impide otra cosa: altos costos, escaso acceso a crédito, falta de capacitación técnica, trámites complejos. El problema no se resuelve criminalizando al pequeño productor, sino diseñando condiciones que favorezcan su inclusión con dignidad.

Muchos de los espacios considerados “marginales” son, en realidad, los pilares que sostienen la producción nacional. Reconocer sus saberes, acompañar sus procesos de formalización de forma progresiva, y brindar herramientas concretas puede convertirlos en actores clave de una industria con rostro humano.

Argentina tiene mucho para ofrecer al mundo: diseño con identidad, producción local trazable, materiales nobles, una sensibilidad latinoamericana cada vez más valorada. Si articulamos estos elementos, no solo podemos exportar productos, sino una manera distinta de hacer moda: más ética, más consciente, más arraigada en nuestros territorios.

El paso hacia un modelo regenerativo no es solo técnico o económico, también es cultural. Se trata de dejar de ver la informalidad como destino y empezar a verla como punto de partida. Con políticas públicas inclusivas, formación, redes y escucha, la innovación puede nacer desde los márgenes.

Una industria con potencial no es la que produce más, sino la que transforma más profundamente. Y toda transformación real empieza por integrar, no por excluir.